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jueves, 19 de septiembre de 2013

[Personajes] Rin Matsuoka de Free!

¡Buenaaaaaas!

Hoy estaba viendo en anime de FREE! con sus guapos nadadores que aspiran a llegar a la cima estableciendo una competición tanto física como emocional que los lleva a dramas continuos, y me he puesto a pensar. Veréis, la mayoría de las veces no me suelen gustar los animes de deportes, sin embargo Free! me ha llegado al corazoncito por varias razones:
Haru insinuando que el amor surge en los vestuarios. =3

Rin haciéndonos un corte de manga.
La 1ª es que a mí me encanta nadar y me he tirado muchos años yendo a la piscina climatizada. Nunca me ha gustado la competición, pero nunca se me ha dado nada mal (cosa extraña porque suelo ser mala en deportes). Probablemente esto se debe a tres razones: que mi padre y todos sus antepasados son de una ciudad portuaria (con mar);  la segunda es que he vivido mi infancia y adolescencia en una ciudad que está construida sobre una montaña, y por ellos está llena de cuestas más empinadas que cualquier escalera; la tercera es que mis padres fueron marinos mercantes (mi madre a timón y mi padre a las máquinas), y siempre ha habido alusiones marinas en mi casa por todas partes.
El buenorro de Rin maltratando sus gafas.
La 2ª es que me he prendado del personaje de Rin Matsuoka. Para el que no haya visto la serie, Rin es el antagonista, que se marcha a Australia para cumplir el sueño de su padre (y ahora suyo) de ser nadador olímpico. El hecho de perseguir objetivos marcados por anterioridad en cierta manera por nuestros padres es una cosa muy común, a mi ver, en la realidad. Por esa razón me gusta cuando algún personaje demuestra esta clase de humanidad. Yo por mi parte siempre he sido esa clase de persona, pues siempre me he parecido a mis padres y he tenido ideas semejantes en general (al contrario que mi hermana).
La 3ª pero no menos importante es que, aunque parezca un recurso de anime, en realidad yo también tengo los dientes afilados. Aunque se disimulas con unos incisivos centrales normalitos (ñom ñom), en verdad todas mis muelas y colmillos son muy afilados. Lo que por cierto queda fatal en las fotos, pero no me desagrada.

Atte!

martes, 20 de agosto de 2013

La sangre de tus venas

Hiriente corazón herido, henchido en plata de orgullo fehaciente, que no encuentra reposo en la noche. Hermoso color de tus venas desplegadas por los dedos en tus manos heladas que solventan los dolores que acrecentan con sus labios. Fuertes tormentas que calman con su fuerza tósigo inmanente de tus ojos. Pervertidas, desmañadas mentes resecas ante un hielo que las quema y las ofusca, con un latir de iris pálido, extraviado, que palpa las palmas frías y no percibe, anonadado, y se aleja, y esperando otra vez el álgido clamor de la ignorancia encuentran un cálido frescor que los desquicia. Y así, vehemencia y parsimonia, como hermanas unidas por la sangre de tus venas, acaban en las palmas de tus manos que claman la tormenta una vez más.

lunes, 10 de junio de 2013

Amargos, mis besos

Encontraba ante mis labios el dulce sabor de otros finos y suaves como la juventud que delataban. Una firme mano acariciaba mi pelo lentamente y colocaba mi rostro en su pecho. No hay sonido en este mundo que pueda conmover más que el sonido de un corazón latiendo, pensé. ¿Y yo? Un débil latido que deja mis manos frías. Así era yo. Y aun así, ahí se encontraba ese sentimiento de apego que no abandonaba mi piel, temblando, sintiendo un calor cercano, una pasión ilícita que se extiende a través de las venas.

Amargos, mis besos, no encontraban el tiempo y repetían, al compás, su melodía. Pasaba el níveo rostro a ser aloque como el vino sobre la mesa. Y en ese instante se fundía la película y comenzaba el instinto que arrebata cada falta de gracia a nuestros cuerpos, y nos delata, con una realidad abrumadora, hacia todo lo que es bello y hermoso en este mundo, y no tiene ley y no debe castigo. Y allí pensé: No busco nada más en este mundo que conservar este momento.

El alma que me acompaña




Durante mucho tiempo tuvo lugar mientras dormía imágenes de este viejo edificio de piedra fría y silenciosa. Iba buscando sencillamente entre sus puertas todo aquello que deseaba, o simplemente me sentaba observando el blanco impoluto de las nubes. Me encontraba ante un devenir de horas que vivía realmente con mi cuerpo postrado laso entre las sábanas. Y allí mientras no había nada en que pensar encontraba la paz que muchos llaman meditación, encontraba en mi mente el lugar y el tiempo que nos falta. Encontraba la tranquilidad.
Siempre callé. Ahí estaba el alma que me acompaña.